sábado, 5 de mayo de 2007

Vino, tocino y velocidad.

El otro día, ojeando la prensa (ojear sin hache, ya que me refiero a las ediciones electrónicas), se me subió la acidez estomacal al leer las ya famosas declaraciones de Aznar sobre el vino, el derecho a beber, y contra el adoctrinamiento colectivo de la DGT. Aquí el vídeo

Que el ex-presidente y yo estemos de acuerdo es algo inaudito y excepcional, así que a priori no me lo puedo creer. Pero es verdad. Yo tampoco quiero que nadie me venga a decir cuándo debo beber vino español (o whisky escocés). Tampoco soporto que un ayatolá me recuerde al más puro estilo 1984 que no puede conducir por mí. Hasta ahí las coincidencias.

Recuerdo muy bien la primera vez que alguien decidió que yo no podía beber alcohol, cerveza en este caso. Fue en Madrid. La recientemente promulgada ley seca me impidió comprar unas cervezas para acompañar a unas pizzas. En aquel momento, Aznar era presidente del país. Gallardón lo era de la comunidad de Madrid, y no recuerdo, ante mi estupefacción, haber oído a Aznar saliendo en defensa del derecho a tomarse unas cañas.

Yo también tengo la misma idea con los putos cartelitos amenazadores: No quiero que nadie conduzca por mí, ni que me digan a qué velocidad tengo que ir, pero tampoco quiero que nadie haga otras cosas por mí, y Aznar hizo muchas de esas. Este tío jeta carece de respaldo moral para venir ahora a sentirse atacado en su libertad individual.

La proclama de Aznar es tan flagrante y tan abominable que no hace falta comentarlo más. Este individuo confunde el vino con el tocino, y éste co la velocidad. En su partido últimamente deben de andar acojonados cada vez que el artista abre la boca delante de un micrófono. Dicen que sólo los niños y los borrachos no mienten. Como Aznar de niño tiene poco (sobre todo por aquello de la inocencia), debo concluir que estaba borracho cuando hacía estas afirmaciones. También concluyo que en ocho años de presidencia fue un riguroso abstemio.

lunes, 22 de enero de 2007

Malos aires


Después de unos días de ausencia, retomo este proyecto animado por mi amiga Noega, que sé que leerá esto... Al menos sé que una persona me lee!

Mira que no han sucedido cosas en este último mes largo, se podría llenar una bitácora con ellas. Pero voy a seguir por los aires. Si en diciembre era Air Madrid, en Enero nos deja una nueva aerolínea: Air Asturias.

Lo de nueva es literal: Empezó a volar el 16 de noviembre. Lo que no es tan literal es lo de "aerolínea", ya que no tenía flota propia (operaba con un Airbus alquilado) ni tampoco líneas, pues de un día para otro se cambian los destinos: Lisboa apareció y se esfumó rápidamente, luego Madrid... Tan sólo las promesas eran de altos vuelos. Nos habían venido la moto, o más que la moto, el avión de que iban a operar rutas con Europa, Sudamérica... Incluso hablaban de incorporar a su ¿flota? todo un señor Airbus A340 para esos vuelos transoceánicos. Esta mostaliella se pregunta desde dónde pensaban volar con semejante Airbusazo, porque en Asturias no hay pista bastante para un ave de tal calado.

En fin, el corto vuelo de Air Asturias duró dos meses y un día. Como condena no es muy larga. Como aerooínea no le dio tiempo ni a despegar. las culpas se las echan a los slots y a la falta de pasajeros. ¿En sólo dos meses? Un topo quizá se trague el cuento. Una mostaliella no, y por eso sospecha que era un proyecto destinado al fracaso, como casi todas las iniciativas asturianas.

El tío Tini se apresuró a lamentar la decisión de Air Asturias, tanto se apresuró que casi se atraganta al decir que la aerolínea no había recibido subvenciones o no se qué mi madre... Digo yo, ¿Entonces la publicidad de Asturias que lucía el aparato quién la pagaba? ¿O era por amor a la tierrina? Espero que los logos de Paraíso Natural y demás estandartes fueran sólo pegatinas, porque pintar un avión debe de costar un cojón para quien no sabe aguantar dos meses en el aire.

Lo que aprendemos de esto, es que montar una aerolínea lo hace cualquiera: Sólo necesitas tener pegatinas y unos slots mal asignados. Cuanto peor asignados, mejor, porque así les puedes echar la culpa a ellos (y a los pasajeros, no lo olvidemos) cuando tengas que cerrar. Lo demás no es tuyo, así que no hay que preocuparse. El avión se devuelve, y si hemos tenido cuidado al arrancarlas, igual ni siquiera se notan las pegatinas. Los empleados, también se devuelven. "Ha sido un placer, gracias", les habrán dicho con una sonrisa. Es más, los empleados se devuelven más rápido que el avión, porque no hay que pintarlos de nuevo. Sólo hay que pedirles que devuelvan el uniforme (con una sonrisa, gracias). Con los retales de los uniformes, un sastre un poco mañoso podría hacer una bandera asturiana tamaño continental. Bueno, tamaño regional más bien, que tampoco tenía tantos empleados. Al fin y al cabo, de Asturias, ¿qué se puede esperar?