El otro día, ojeando la prensa (ojear sin hache, ya que me refiero a las ediciones electrónicas), se me subió la acidez estomacal al leer las ya famosas declaraciones de Aznar sobre el vino, el derecho a beber, y contra el adoctrinamiento colectivo de la DGT. Aquí el vídeo
Que el ex-presidente y yo estemos de acuerdo es algo inaudito y excepcional, así que a priori no me lo puedo creer. Pero es verdad. Yo tampoco quiero que nadie me venga a decir cuándo debo beber vino español (o whisky escocés). Tampoco soporto que un ayatolá me recuerde al más puro estilo 1984 que no puede conducir por mí. Hasta ahí las coincidencias.
Recuerdo muy bien la primera vez que alguien decidió que yo no podía beber alcohol, cerveza en este caso. Fue en Madrid. La recientemente promulgada ley seca me impidió comprar unas cervezas para acompañar a unas pizzas. En aquel momento, Aznar era presidente del país. Gallardón lo era de la comunidad de Madrid, y no recuerdo, ante mi estupefacción, haber oído a Aznar saliendo en defensa del derecho a tomarse unas cañas.
Yo también tengo la misma idea con los putos cartelitos amenazadores: No quiero que nadie conduzca por mí, ni que me digan a qué velocidad tengo que ir, pero tampoco quiero que nadie haga otras cosas por mí, y Aznar hizo muchas de esas. Este tío jeta carece de respaldo moral para venir ahora a sentirse atacado en su libertad individual.
La proclama de Aznar es tan flagrante y tan abominable que no hace falta comentarlo más. Este individuo confunde el vino con el tocino, y éste co la velocidad. En su partido últimamente deben de andar acojonados cada vez que el artista abre la boca delante de un micrófono. Dicen que sólo los niños y los borrachos no mienten. Como Aznar de niño tiene poco (sobre todo por aquello de la inocencia), debo concluir que estaba borracho cuando hacía estas afirmaciones. También concluyo que en ocho años de presidencia fue un riguroso abstemio.
sábado, 5 de mayo de 2007
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